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Ricardo Maliandi

Ricardo Guillermo Maliandi (La Plata, 10 de enero de 1930Mar del Plata, 12 de febrero de 2015)[1] fue un veterinario escritor y filósofoargentino, especialista en ética. Fue profesor en varias universidades argentinas e investigador de CONICET. Doctorado en Filosofía por la Universidad de Maguncia, Alemania. Obtuvo el Premio Konex en 1986 por su labor en la especialidad “ética” y en 2012 el Premio Nacional en la categoría “Ensayo filosófico” por sus trabajos sobre ética convergente.

Ricardo Maliandi

El filósofo Ricardo Maliandi
Información personal
Nacimiento 10 de enero de 1930
La Plata, Argentina
Fallecimiento 12 de febrero de 2015 (85 años)
Mar del Plata, Argentina
Nacionalidad Argentina
Familia
Cónyuge Graciela Fernández
Información profesional
Ocupación Filósofo, profesor, escritor
Conocido por Ética convergente
Distinciones Konex, 1986 y Nacional de Cultura, 2012

Era además presidente de la Asociación Argentina de Investigaciones Éticas, miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro honorario de la Asociación Argentina de Bioética. Sus investigaciones comenzaron en torno a la axiología y particularmente a la obra de Nicolai Hartmann, de quien tradujo varios escritos. Posteriormente se acercó a la ética del discurso y entabló amistad con uno de sus fundadores, Karl-Otto Apel. Durante los últimos años trabajó en una propuesta original que él denominaba “ética convergente”.

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Desde el comienzo de su carrera filosófica, Ricardo Maliandi ha realizado investigaciones acerca de la ética material de los valores, particularmente en la versión de Nicolai Hartmann (su tesis doctoral de la Universidad de Maguncia, Wertobjektivität und Realitätserfahrung). Dos problemas concitaron siempre su atención en el campo de la ética: el de la fundamentación y el de la conflictividad. Convencido de que el intuicionismo propio de las éticas axiológicas resulta insuficiente para una fundamentación rigurosa, pero consciente asimismo de las muchas sugerencias contenidas en los análisis hartmannianos de las relaciones conflictivas entre los valores, el pensamiento ético de Maliandi se desarrolla como la búsqueda de una fundamentación ética no intuicionista, en la que se deje un lugar relevante para la cuestión de los conflictos. En ocasiones, esta investigación abarcó asimismo incursiones en la antropología filosófica (como en Cultura y conflicto).

En sus trabajos más recientes vienen ejerciendo decisiva influencia la pragmática trascendental y la ética del discurso de Karl-Otto Apel, donde se ofrece una nueva fundamentación apriorística, aunque muy alejada de las de tipo intuicionista. Maliandi presenta, a modo de propuesta programática, un acercamiento entre las éticas de Hartmann y Apel, en el sentido de una adecuación de la estructura conflictiva del ethos (enfatizada por Hartmann) a la fundamentación reflexiva pragmático-trascendental (defendida por Apel) (por ejemplo, Transformación y síntesis). El eje apriorístico que, pese a las múltiples diferencias de enfoques, vincula a esos dos filósofos, permite asimismo a Maliandi una defensa del universalismo contra la acentuación unilateral de la diferencia, propia de algunas tendencias irracionalistas actuales (Dejar la posmodernidad. La ética frente al irracionalismo actual). Ese esfuerzo se complementa con el desarrollo de una teoría de la razón que pone de relieve en esta su “bidimensionalidad” (fundamentación y crítica) y su “dialogicidad” (el hecho de que la razón sólo funciona realmente en la comunicación dialógica como lo expone en Volver a la razón).

La concepción ética de Maliandi es resumible, según él mismo lo propone, como una “ética convergente”, tema en el que continúa trabajando. (La ética cuestionada.. Prolegómenos para una ética convergente, 1998. Ética: dilemas y convergencias, 2006, Teoría y praxis de los principios bioéticos –en colaboración con Oscar Thüer—Buenos Aires, UNLa, 2008 ). La noción de “convergencia” se entiende aquí en un doble sentido:

1) como la ya mencionada aproximación entre la ética material de los valores y la ética del discurso, y, con ello, entre la admisión de la inevitabilidad de los conflictos y la propuesta de una fundamentación fuerte, a priori (conjunción de la que deriva a su vez el reconocimiento de un “a priori de la conflictividad”), y

2) como el rasgo básico de una ética que reconoce una pluralidad de principios, pero también, a la vez , exige maximizar la armonía entre ellos.

Los principios no son infinitos (lo cual equivaldría a una forma de relativismo) sino que se reducen a cuatro, ordenados en dos pares: universalidad-individualidad (conflictividad sincrónica) y conservación-realización (conflictividad diacrónica) y están determinados en correspondencia con la bidimensionalidad de la razón. Esos cuatro principios rigen las decisiones y acciones moralmente cualificables y se fundamentan por vía de la reflexión pragmático-trascendental. La exigencia de maximizar la armonía entre ellos constituye un “metaprincipio”, similar a la exigencia hartmanniana de “síntesis” axiológicas, aunque se basa en la necesidad de evitar las formas unidimensionales (o unilaterales) de la razón. La ética convergente ve en la razón la instancia anticonflictiva por excelencia, es decir, la exigencia de evitar, resolver o, al menos, regular los conflictos, y la suma de indicaciones metodológicas para hacerlo; pero, al mismo tiempo, la instancia capaz de reconocer el carácter esencialmente conflictivo de las interrelaciones sociales y, por tanto, del ethos. Uno de los sentidos de la convergencia reside precisamente en la compatibilización entre aquella exigencia y este reconocimiento.

La ética convergente de Maliandi se ubica, en definitiva, en la línea del universalismo (o apriorismo) kantiano, del que las éticas de Hartmann y de Apel representan derivaciones diversas (y acaso divergentes). Pero propone, por otra parte, observaciones críticas de esas mismas fuentes: se trata de corregir el rigorismo kantiano, originado en una incomprensión de la conflictividad, mostrando que la bidimensionalidad de la razón hace inevitable una cierta flexibilidad ética; de corregir, asimismo, el intuicionismo subsistente en la ética hartmanniana, mostrando que las discrepancias entre intuiciones no pueden resolverse mediante recurso a nuevas intuiciones, y de corregir, finalmente, el monismo de la ética del discurso (en razón del cual esta tiene que recurrir a una “parte B” para justificar los casos en que es imposible cumplir el principio del discurso), mostrando una pluralidad de principios en el marco de un “a priori de la conflictividad”.

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